Dopaje, Darwin y los límites del humor.

thEn 1859, Charles Darwin publicó en su “Origen de las especies”* una observación muy interesante. Afirmaba que las mutaciones que tenían éxito evolutivo eran muchísimo más abundantes en las especies domesticadas que en las salvajes. Una de las razones que esgrimía era que en la naturaleza el medio cambia muy lentamente, no así en cautividad. Dejaba ya entrever que la intervención del hombre hacía sobrevivir a especies “antinatura”.

Marvin Harris, eminente antropólogo de los siglos XX y XXI, explicaba en su libro “Introducción a la Antropología general”** cómo al comienzo del Neolítico, hace aproximadamente 12.000 años (ahí es nada), el hombre comenzó a seleccionar de manera activa sus vegetales, potenciando sus bondades (semillas más gruesas por ejemplo), así como sus animales, castigando sus defectos (sacrificaban antes a los ejemplares demasiado agresivos o que engordaban menos con la misma cantidad de alimento).

Es evidente que el ser humano sabe desde hace mucho tiempo cómo modificar las especies según sus necesidades. Con el tiempo y la ciencia, ha ido añadiendo productos para potenciar las virtudes de sus plantas, de sus animales e incluso, de si mismos: abonos y pesticidas para unos, medicinas y hormonas para otros, ayuda vitamínica, drogas y medicamentos de todo tipo para prevenir o curar a los últimos. En definitiva, hemos pasado a incorporar a la selección biológica la potenciación en vida de las cualidades de nuestras especies y de nosotros mismos.

El deporte es una faceta más de las culturas contemporáneas. En muchos casos se ha convertido en un medio de vida, en un trabajo. Admitimos sin dudar que cualquier trabajador se medique para no faltar al trabajo. Admitimos que cualquier persona con ciertas debilidades tome los productos necesarios para hacer una vida que le permita trabajar. También vemos un tanto reprochable que una persona no aspire a mejorar en un trabajo aceptando estancarse o incluso descender de puesto. Si admitimos que una persona se gana la vida con el deporte, tendremos que admitir que quiera mejorar su “status” laboral usando todo lo que tiene a su alcance. Parece una tendencia natural en el hombre querer mejorar su especie y, es evidente que dispone de medios.

El tema del dopaje consiste en usar sustancias y/o medios prohibidos para incrementar el rendimiento deportivo y ahí hay que ser inflexibles: si están prohibidos, ESTÁ MAL DOPARSE. Incumplir la norma implica robar a los que la cumplen un puesto de trabajo y la gloria de posibles éxitos. Podría hablar durante horas sobre todo lo que se puede perder una persona que no se dopa respecto a los tramposos que sí lo hacen. Lo que parece paradójico es intentar prohibir una tendencia tan humana como mejorar sus prestaciones. Es un poco como poner puertas al campo.

Qué es dopaje y qué no lo es… ahí un tema difícil. Unas federaciones ponen unos parámetros límite que otras ni contemplan, otras no persiguen casi a los profesionales, otras los persiguen muy tenazmente. Ciertas sustancias sólo están prohibidas porque “hacen feo” en un deportista aunque no le hayan ayudado demasiado, más bien le han perjudicado. Qué es dopaje, quién lo decide y quién lo persigue es parecido a los límites del humor, cada federación pone los suyos y a unos les parece ultrajantes y a otros todo bastante inofensivo. Pudiera ser que el quiz de todo ello resida en los que deciden y persiguen: ellos también subsisten gracias al dopaje. Ahí, quizás esté la clave de que no desaparezca. Últimamente vivimos un fenómeno reseñable y es que ya parece no importar a la todopoderosa audiencia si los deportistas se dopan o no, importa el espectáculo. No aparentan bajar las audiencias de las oscuras NBA, NFL, las ligas de Béisbol, etc. Pero tampoco en Europa parece que haya menos gente al paso del Tour de Francia, por poner un ejemplo. El dopaje parece inevitable, pero vive más gente con el escándalo de los positivos, las grandes gestas que produce y la persecución del mismo, que simplemente con el deporte limpio.

En otras palabras: si el hombre no influye en su biología artificialmente, el ritmo natural de los cambios y de mejora de marcas por ende, sería mucho más lento y daría de comer a mucha menos gente.

Si me preguntaran qué diferencia al hombre de cualquier otro animal, diría que la existencia del dinero y la necesidad de trabajar para conseguirlo como medio para subsistir. Muy humano por tanto que la gente luche por un trabajo.

Como siempre, cada uno tendrá la última respuesta ante el dopaje: sí o no. Quien os escribe, muy humano también, dice no. Los que lo leen, sólo ellos deciden.

*El manuscrito en realidad se titulaba “El origen de las especies por medio de la selección natural, o la preservación de las razas preferidas en la lucha por la vida”.

**En su título original: “Culture, People, Nature: An introduction to General Antropology”.

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6 comentarios en “Dopaje, Darwin y los límites del humor.

  1. Muy interesante el artículo. El problema es que el dopaje no busca mejorar al ser humano sino obtener unos resultados deportivos con mayores rendimientos en un momento preciso. Las sustancias dopantes tienen fuertes contra-indicaciones para la salud, que poco tienen que ver con la evolución humana. Algo que lógicamente es difícil de estudiar pero sería sumamente interesante: “atletas dopados, esperanza de vida y enfermedades asociadas desarrolladas”, ¿creéis que aparecerán muchos voluntarios para el estudio?

  2. En lo del trabajo totalmente de acuerdo. E incluso para el ocio, que el remedio de tomarse un ibuprofeno para la resaca se ha extendido enormemente. Pero el problema roza el ámbito moral, y ahí se complica la cosa. Incluso en la doble moral de “tienes que tomarlo, pero sin que se note”… y como te pillen, estás acabado (lo que comentamos de Armstrong).

    En cualquier caso, artículo bueno e interesante. 🙂

      • Y de la sustancia de la que se trate. El alcohol y el tabaco (y, si me apuras, la cafeína y la taurina del Red Bull) están socialmente aceptados pero también pueden tener efectos nocivos sobre el cuerpo. Sin olvidar que, al final, la principal causa de muerte es la vida. 😉

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